miércoles, 14 de marzo de 2018

Un ateo (Stephen Hawking) y cuatro Papas

STEPHEN HAWKING

El científico se declaraba ateo, pero tuvo bonitos gestos de cercanía con 4 sucesores de San Pedro

Stephen Hawking ha fallecido a los 76 años este miércoles 14 de marzo. Ateo, fue miembro del círculo de científicos que participan en las actividades de la Pontificia Academia de las Ciencias (PAC). El dicasterio vaticano con un twitter ha rendido homenaje al científico.
El académico, quien escribió en la Historia del Tiempo que si algún día lográramos esa ‘Teoría del Todo’ conoceríamos ‘la mente de Dios’, tuvo audiencias con  4 pontífices: Pablo VI, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco. 
Según la PAC del Vaticano, en esos encuentros el astrofísico británico quería que “avanzara la relación entre la fe y la razón científica”.
En el libro El gran diseño, aseguró que el Universo puede crearse ‘de la nada’, y que la idea de Dios “no es necesaria” para explicar su origen.
“Nuestro excepcional miembro Stephen Hawking, que ha sido tan fiel a nuestra Academia”, escribió en Twitter  la PAC – con sede en el Vaticano-  en el que se manifiesta profunda tristeza por la muerte.
“A los cuatro Papas con los que se encontró dijo que quería hacer que avanzara la relación entre fe y razón científica. Pedimos al Señor que lo acoja en su gloria”.
STEPHEN HAWKING
Twitter Stephen Hawking @shawkingphysics

¿Agnóstico o ateo?

En sus entrevistas se declaraba como un ateo. Sin embargo, muchos han llegado a considerar como ‘un milagro’ u ‘obra de Dios’ que Hawking haya vivido más de medio siglo tras el diagnóstico de una enfermedad cuya esperanza de vida suele ser de un par de años.
¿Cómo es que el Vaticano abre sus puertas y los papas dialogan con un ateo? Pues, el papa Francisco lo explica como se puede tender un puente con las personas agnósticas y ateas en el libro ‘Política y Sociedad’, conversaciones con Dominique Wolton, edición Encuentro, publicado recientemente en español.
Francisco sostiene que se necesita “derribar los muros y construir puentes” y asegura que el verdadero diálogo y comunicación se hacen con aquellos que piensan diferente.

¿Racionalismo exacerbado? La respuesta de los papas: misericordia y diálogo 

El Papa latinoamericano que también recibió a Hawking en el Vaticano, asegura que se necesita dialogar con las personas sin los adjetivos (ateo, agnóstico, católico, judío), sino con sustantivos. Es decir, un dialogo “con una persona”.
Asimismo, el Obispo de Roma ha puesto el diálogo con un ateo en el plano de la experiencia humana y acepta que la fe es un don que sólo Dios da. “Dios te salvará de otra manera”, indica. Posiblemente, Hawking también habrá recibido la misericordia y el amor que lo salvó de vivir condenado por varias décadas en su enfermedad.
Entonces, los cuatro papas que se acercaron al científico ateo con amor cristiano también revelaron la inmaterialidad de algo que no cabe en la mente. Así lo podemos ver en el gesto de Pablo VI arrodillado para saludar al astrofísico en silla de ruedas.
PAUL VI
Twitter CasinaPioIV
Así, la propuesta de los papas es caminar junto a las personas ateas y hablar desde la fragilidad de nuestra humanidad común.
Francisco explica que existen temas universales para todas las personas, independientemente si creen o no en Dios.
Acepta que hayan puntos de vista diferentes, pero que se necesita hablar y “cuando llegue el problema de Dios, cada uno expresará su opción. Pero escuchando al otro con respeto”.
¿Cómo hacer entender la misericordia de Dios a un ateo?Benedicto XVI lo demostró con su encuentro y caricia en la cabeza a Hawking, como lo vemos en las imágenes de archivo.
BENEDICTUS XVI
HO - OSSERVATORE ROMANO - AFP-AI
“Haga algo bueno por alguien”, reitera el papa Francisco para tocar el corazón de una persona que dice no tener fe. “Hágalo. Y si no está interesado por este tema, piense en los que se encuentran en necesidad. Piense en los niños de Siria. Tenga un pensamiento misericordioso. Una emoción interior”.
El papa Francisco, parafraseando su mensaje de diálogo con los ateos o agnósticos,  con Steven Hawking ha compartido la preocupación por el destino de la humanidad desde la “brújula moral”. Y admite que “el pecado supone la fe”. Probablemente Hawking  fue el modelo de “un ateo convencido y honesto”- como se autodefinió.
Pues, el astrofísico rechazó el plano de todas las creencias religiosas: “la ciencia ofrece una explicación más convincente”.  Pero, aceptó en algún momento el concepto de ‘la mente de Dios’ que era comprender todo lo que Dios “sería capaz de comprender si acaso existiera”. Hawking se definía ateo hasta que no se demostrara la existencia de Dios a través de la ciencia.
Pero, los Papas con sus gestos hacia al científico, símbolo del racionalismo moderno, demostraron que la fe sobrepasa las divisiones para ir al corazón de cada hombre y mujer que sufre y busca una respuesta.
En este sentido, La Specola Vaticana, observatorio astronómico guiado por el jesuita Guy Consolmgno, confirma que Stephen Hawking ha sido valiente en enfrentar su enfermedad, además de su “enorme contribución científica que ha dado a la cosmología cuántica”.
Quizás si ahora la voz metálica de Stephen Hawking retumbará en el cielo, o donde quiera Dios, buscando resolver las preguntas de una vida que la ciencia no le pudo dar.
El primer papa que encontró a Stephen Hawking fue Pablo VI en 1975 cuando el científico tenía 33 años, durante un encuentro en la Pontificia Academia de las Ciencias. Papa Montini le entregó la medalla Pío XI por sus estudios sobre los agujeros negros. Y la última visita al Vaticano la hizo el 28 de noviembre recibido por el Papa Francisco.

jueves, 8 de marzo de 2018

¿Son iguales todas las Biblias? por Pbro. Miguel A. Fuentes

Resultado de imagen para biblia catolica

¿Cuál es la diferencia entre una Biblia católica y otra protestante?


TEÓLOGO RESPONDE
El Padre Miguel A. Fuentes es responsable de la página teologoresponde.org y por su excelente contenido queremos compartir esta pregunta que una persona le hizo recientemente:
Pregunta:
¿Me podrían decir cuál o cuáles son las diferencias entre una Biblia Católica y una Biblia Evangélica? Mi hermana acaba de recibir como regalo una Biblia de una persona que la quiere convertir al Evangelismo, y no sabemos en qué difiere de la nuestra pues aparentemente son iguales. 
Otras:
Tengo una pregunta o más bien curiosidad: la Biblia que leen los católicos ¿es diferente a la que leen otras religiones? 
Gracias por el tiempo que se toma para nuestras preguntas; en este caso la que tengo es: ¿por qué mi Biblia como católico es diferente a la de los protestantes?

Respuesta:

Las respuestas, en los distintos casos, son muy semejantes y en cierto modo, debemos remitirnos a la historia de la formación del canon bíblico.
Responder a esta pregunta no es difícil, pero sí complicado, porque no se nos pide que digamos la diferencia de una versión católica con una determinada versión protestante sino con “la Biblia que leen los protestantes”; ahora bien, muchas personas, cuando hablan de los protestantes, engloban con este título tanto a los cristianos de iglesias reformadas tradicionales (luteranos, calvinistas, presbiterianos, etc.) cuanto a miembros de sectas que también usan la Biblia, como los Testigos de Jehová; y no es lo mismo una cosa que otra.
Trataré, por tanto, de indicar algunos puntos generales, sin hacer una comparación detallada, lo cual es imposible (para mí, aquí, con los límites que me he impuesto).
Ante todo, todas las versiones católicas y protestantes de la Biblia coinciden en muchas cosas: en la mayoría de los libros que contienen y sustancialmente en el sentido de los textos.
(1) En cuanto al número de los libros (el canon): como ya hemos indicado en el capítulo anterior, las versiones católicas de la Biblia tienen siete libros más que las versiones protestantes; son los libros que nosotros llamamos “deuterocanónicos” del Antiguo Testamento y ellos llaman “apócrifos” (1 y 2 Macabeos, Tobías, Judit, Baruc, Sabiduría, y Eclesiástico o Sirácida). En cambio, aceptan los 27 libros del Nuevo Testamento, aunque a siete de ellos los llaman “deuterocanónicos”. El motivo es que Lutero, en el momento de su separación de Roma, rechazó el “canon alejandrino” que contiene la lista de los 46 libros de la traducción de los “Setenta” (traducción al griego realizada en Alejandría de Egipto del hebreo al griego), adhiriéndose al “canon judío de Palestina” (los libros escritos en hebreo) que contiene 39 libros[1].
En torno a los años 90-100 d.C., algunos líderes judíos se reunieron para tratar el tema del canon (conocido como el canon de Palestina) quitando los siete libros, pretendiendo volver al canon hebreo, y distinguirse así de los cristianos; pensaban que lo que no fue escrito en hebreo, no era inspirado (aunque Eclesiástico y 1 Macabeos estaban originalmente escritos en hebreo y arameo); las discusiones siguieron por muchos años, con mucho desacuerdo entre los diferentes grupos y sectas judíos. 
Los saduceos solamente confiaban en la Torá, los fariseos no podían decidir sobre Ester, Cantares y Eclesiastés. Solamente en el segundo siglo, los fariseos decidieron 39 libros. San Pablo, utilizaba la versión de los Setenta, y cuando los autores del Nuevo Testamento citan algo del Antiguo Testamento, lo citan según la traducción griega de los Setenta el 86% de las veces. Los descubrimientos de Qumran, en pleno siglo XX, ha mostrado que grupos judíos leían y usaban los libros “deuterocanónicos” (al menos se han encontrado los libros de Tobías, y Ben Sira o Eclesiástico).
Lutero y los demás reformadores, rechazaron los siete libros que nosotros llamamos deuterocanónicos (y ellos “apocrifos”) dando origen a la Biblia Protestante; también calificó de deuterocanónicos a varios libros del Nuevo Testamento, considerándolos de menor autoridad, sin embargo no los quitó, pues sostenía que, aunque no son iguales a las Sagradas Escrituras, son útiles y buenos para leer[2]. La Biblia de Zurich, traducida por Zwinglio y otros (1527-29), incluía los libros deuterocanónicos como útiles aunque los relegaba al último volumen y no los consideraba canónicos; algo parecido hizo la Biblia Olivetana, prologada por Calvino, en 1534-35. 
En 1615, el arzobispo anglicano de Cantebury, proclamó una ley que llevaba un castigo de un año de cárcel, para cualquier persona que publicara la Biblia sin los siete libros deuterocanónicos, ya que la versión original de la King James (la más famosa de las versiones inglesas) los tenía; pero fue precisamente en Inglaterra, donde fue creciendo la oposición a estos libros, y en 1827 la “Sociedad Británica y Extranjera de la Biblia” los omitió completamente en su Biblia. Luego, otras editoriales hicieron lo mismo.
Estos libros no fueron añadidos durante el Concilio de Trento, como creen algunos protestantes, pues Lutero los había rechazado del canon precisamente porque estaban en el canon comúnmente admitido (aunque algunos discutieran su valor canónico), pero él consideraba que no debían estar al no haber sido escritos originalmente en hebreo. Trento define de modo definitivo el canon, pero no hace aceptar libros que hasta el momento se rechazaban. 
De hecho, los manuscritos más antiguos (anteriores mil años a Trento), contienen los deuterocanónicos; y salvo el Codex Vaticanus, el más antiguo texto griego del Antiguo Testamento (en el que no están los libros de Macabeos), todos los demás manuscritos contienen los siete libros del Antiguo Testamento llamados deuterocanónicos.
Pasando de las grandes denominaciones protestantes a las sectas de inspiración pseudo-cristiana (pensemos en los Testigos de Jehová, por ejemplo), debemos decir que, en cuanto al canon bíblico, no difieren sus Biblias de las protestantes, aunque tal vez ellos han percibido con más fuerza el gran problema que plantea el dar razón del canon (o sea, por qué creemos que estos libros han sido inspirados), debiendo atribuir el poder de discernimiento “al cuerpo gobernante” de la Congregación cristiana, o sea reconociendo la necesidad de un criterio extra-bíblico[3].
(2) El segundo tema es el de las versiones, es decir, las traducciones de la Biblia. Desde un primer momento, los reformadores no se contentaron con distinguir el canon protestante del católico sino que se dedicaron a hacer traducciones de la Biblia a las lenguas modernas.
Sabemos que los textos originales de la Biblia han sido escritos en hebreo/arameo (la mayoría de los libros del Antiguo Testamento) y en griego (los libros del Antiguo Testamento que se conocen como deuterocanónicos, aunque algunos de los así denominados son traducciones del hebreo; los escritos del Nuevo Testamento, aunque se discute si algunos de éstos no son en realidad traducciones al griego de un texto original en hebreo o arameo). 
Hubo traducciones desde tiempos antiguos, como lo demuestra la versión al griego de los Setenta (versión griega de los libros inspirados judíos, nuestro Antiguo Testamento), o la de Aquila, prosélito judío (en torno al 130 d.C.), la de Símmaco (fines del siglo II). Orígenes hizo una de las obras más monumentales de la antigüedad, conocida como Hexapla Biblia porque el texto estaba dispuesto en seis columnas que comprendían: el texto consonántico hebreo en caracteres hebreos, el hebreo trascrito en caracteres griegos, la versión de Aquila, la de Símmaco, el texto tradicional de los Setenta y la versión de Teodoción. 
Hubo traducciones al siríaco (el Diatessaron de Taciano, la Biblia Vetus Syriaca, la Biblia Peshitta, etc.), al copto (la forma más reciente de la lengua egipcia), al etiópico. San Jerónimo hizo una traducción al latín de toda la Biblia, asesorándose por maestros judíos para su traducción de los textos hebreos, conocida como Vulgata. Mientras el mundo occidental cristiano se manejó en griego como lengua franca, y luego en latín, el uso de los textos bíblicos en estas lenguas no ofreció dificultad; pero con la formación de las lenguas romances y el desuso del latín por parte del vulgo, el texto latino de la Biblia se hizo ininteligible. Desde entonces, comenzaron a aparecer versiones en lenguas vulgares.
Corren sobre este tema, dos afirmaciones erróneas. La primera es que quienes comenzaron la labor de traducir y divulgar la Biblia en las lenguas vulgares o romances, o modernas, fueron los reformadores protestantes; la segunda: que éste fue un fenómeno propio de ambientes protestantes, pues la Iglesia católica prohibía a sus fieles la lectura de la Biblia. Las dos afirmaciones son históricamente falsas y no hace falta más que remitirse a los hechos históricos para corregirlas.
Es falsa, ante todo, la acusación (que es fácil de oír en ambientes protestantes) de que fueron los reformadores (principalmente Lutero) quienes por vez primera volcaron la Sagrada Escritura a las lenguas modernas. Escriben Tuya y Salguero: “Mucho antes de que Lutero iniciase la reforma protestante, existían numerosas versiones de la Biblia en las lenguas vulgares de muy diversos países. Según el P. A. Vaccari, entre los años 1450 y 1500 se cuentan unas 125 ediciones diferentes de la Biblia[4], lo que demuestra cuán extendida estaba su lectura. 
En España, se leía la Sagrada Escritura en romance ya antes de Alfonso X el Sabio (1252-1284). En Alemania, se hizo una versión en 1466, de la que aparecieron 15 ediciones antes del año 1500. La primera edición en lengua vulgar italiana, se publicó en Venecia el año 1471, de la que se conocen nueve ediciones antes de 1500. En Francia, también se hizo una traducción el año 1477, que tuvo tres ediciones antes del año 1500”[5].
Es igualmente incorrecta la afirmación de que la Iglesia prohibió a sus fieles la lectura de la Biblia (o al menos la lectura de la misma en lenguas modernas). La misma profusión de versiones que acabamos de mencionar, atestigua la extensión del uso de la Biblia (incluso en versiones de lenguas vulgares) antes de la Reforma protestante. El Concilio de Trento, a raíz de que los protestantes atentaron contra la integridad de la Sagrada Escritura y contra la interpretación auténtica de la Iglesia (por ejemplo, en cuanto a las afirmaciones sobre la justificación), estableció normas de lectura que preservaran de falsas interpretaciones. 
Pero no existe ninguna normativa canónica del Concilio tridentino que prohíba las versiones en lenguas vulgares y menos su lectura. Atestigua esto Pío XII: “No prohíbe el concilio Tridentino que, para uso y provecho de los fieles de Cristo y para más fácil inteligencia de la divina palabra, se hagan versiones en las lenguas vulgares, y eso aun tomándolas de los textos originales”[6]. Existieron, sí, prohibiciones locales, como las del concilio de Tolosa (1229), la de Tarragona (1233), el sínodo de Oxford (del año 1408); el motivo era la falta de autorización de las versiones cuestionadas y en algunos casos, el uso que hacían de ellas algunas sectas (como el caso de Tolosa que tiene relación con el problema de los albigenses).
Hay que reconocer, sin embargo, que en ambientes de la Reforma se dio un impulso particular a las versiones en lenguas vulgares modernas. Tal vez la más antigua y notable, sea la versión de Lucero, quien publicó en alemán el Nuevo Testamento en 1522 y el Antiguo entre 1523 y 1534. La más famosa de las versiones inglesas es la King James Version (de 1611), revisada sucesivamente en varias oportunidades. En castellano, la primera versión de la Biblia completa hecha por un protestante es la de Casiodoro de Reina (publicada en Basilea en 1569); en 1602 Cipriano de Valera la retocó y (según dice) cotejó la versión de Casiodoro con otras versiones, reeditándola. Es la más conocida de las versiones protestantes castellanas (conocida como Reina-Valera). 
Sobre esta versión, ha escrito una magnífica reseña el eminente Marcelino Menéndez Pelayo en su Historia de los Heterodoxos[7]. Cito algunos párrafos de este crítico, por ser esta versión, la más común entre nosotros y por ser la autoridad de Menéndez Pelayo indiscutible en este punto[8]: “Esta Biblia es rarísima; llámasela comúnmente del Oso por el emblema o alegoría de la portada. Tiene año (1569), pero no lugar de impresión ni nombre del traductor; sólo sus iniciales C. R. al fin del prólogo (1858). Doce años invirtió Casiodoro en su traslación, aunque como trabajo filológico no es el suyo ninguna maravilla. Sabía poco hebreo, y se valió de la traducción latina de Santes Pagnino (muy afamada por lo literal), recurriendo a la verdad hebraica sólo en casos dudosos. De la Vulgata hizo poca cuenta, pero mucha de la Ferrariense[9], ‘no tanto por haber acertado más que las otras… cuanto por darnos la natural y primera significación de los vocablos hebreos y las diferencias de los tiempos de los verbos’, aunque la tacha de tener grandes yerros, introducidos por los judíos en odio a Cristo, especialmente en las profecías mesiánicas, y de haber dejado muchas cosas ininteligibles o ambiguas. En cuanto a Casiodoro, aunque él mismo confiesa que ‘la erudición y noticia de las lenguas no ha sido ni es la que quisiéramos’, y le habilitaba sólo para entender y cotejar los diversos pareceres de los intérpretes, procuró ceñirse al texto sin quitar nada, como no fuera algún artículo o repetición de verbo cuya falta no menoscabara la entereza del sentido, ni añadir cosa alguna sin marcarla de distinta letra que el texto común o encerrarla entre vírgulas.
Estas ediciones son, ya de una o pocas palabras que aclaran el sentido, ya de variantes, especialmente en Job, en los Salmos, en los libros de Salomón y en las historias de Tobías y Judit. De la versión siríaca del Nuevo Testamento confiesa que no pudo aprovecharse porque salió aquel mismo año, cuando ya estaba impresa la suya. Conservó en el texto la voz Jehová, aunque nunca la pronuncien los hebreos. Usa los nombres concierto, pacto, alianza, para designar lo que los Setenta y la Vulgata llaman Testamento y se defiende en el prólogo de haber usado por primera vez en castellano los nombres reptil y escultura, que en la Ferrariense son removilla y doladizo. Y procuró retener todas las formas hebraicas que conciertan con las españolas. Llenó la obra de notas marginales, que son interpretaciones o declaraciones de palabras. Las anotaciones de doctrina las reservó para imprimirlas aparte o ponerlas en otra edición (…) Como hecha en el mejor tiempo de la lengua castellana, excede mucho la versión de Casiodoro, bajo tal aspecto, a la moderna de Torres Amat y a la desdichadísima del P. Scío (…)
Cipriano de Valera (…) escribía con donaire y soltura (…) Los veinte años que dice que empleó en preparar su Biblia deben ser ponderación e hipérbole andaluza, porque su trabajo en realidad se concretó a tomar la Biblia de Casiodoro de Reina y reimprimirla con algunas enmiendas y notas que ni quitan ni ponen mucho. Tampoco he de negar que, en general, mejoró el trabajo de su predecesor (…) En cuanto a la traducción, el mismo Cipriano confiesa que siguió palabra por palabra la de Casiodoro, cotejándola con otras interpretaciones en diversas lenguas y quitando lo añadido por los Setenta o por la Vulgata que no se halle en el texto hebreo; lo cual principalmente acontece en los Proverbios de Salomón. Y a esto, a alguna que otra nota añadida, que se indica con diversa letra que las del traductor antiguo, y a algún retoque en el lenguaje se reduce toda la labor de Valera, que, sin embargo, pone su nombre, y calla el de Casiodoro, en la portada”.
He querido alargarme un poco en estas expresiones, pues creo que debe notarse el mérito literario de muchas de las primeras versiones protestantes de la Biblia. Podremos discutir las traducciones de algunos pasajes en concreto, pero no se puede poner en duda el valor de la obra en su conjunto (en cuanto a la versión literaria se refiere). Son conocidas las reiteradas ponderaciones que – entre nosotros– hace Leonardo Castellani de la versión inglesa King James.
No se puede decir lo mismo de las versiones de la Biblia divulgadas por los Testigos de Jehová. Dice el P. Petrino en su estudio sobre el uso de la Biblia por parte de esta secta: “La versión jehovista de la Sagrada Escritura ha llamado la atención de todos los estudiosos que no dudan en denunciar sus falsedades y notar sus divergencias con respecto de los textos bíblicos auténticos”[10]. Y cita a continuación las palabras de A. Hoekema: “La Traducción del Nuevo Mundo no es una traducción objetiva de la Biblia en inglés moderno, sino una traducción falsificada en la cual muchas de las enseñanzas de la Sociedad Wachtower han sido fraudulentamente introducidas”[11]. Los Testigos de Jehová introducen en el texto, por tanto, grandes cambios que no son simples cuestiones lexicográficas sino alteraciones del texto bíblico original. A pesar de que diga seguir las ediciones críticas de R. Kittel y Westcott y Hort, en realidad se separa y las ignora cuando se ve comprometida la “doctrina” de la secta.
Para mayor confusión de muchos incautos, también los mormones (o Iglesia de Jesucristo de los Santos de los últimos días) usa también la Biblia (junto a otros libros reconocidos por ellos como sagrados: el Libro de MormónDoctrinas y Convenios La Perla de Gran Precio). Ellos definen la Biblia como la historia de los tratos de Dios con los pueblos del Continente Oriental (Palestina, Egipto, etc.), mientras que el Libro de Mormón sería la historia de los tratos de Dios con los pueblos antiguos del Continente Occidental (las Américas)[12]. Los mormones enseñan expresamente que la Biblia no es el único libro revelado/inspirado[13]. Su fundador, J. Smith, usó originalmente la King James Version (en el Libro de Mormón se han contado hasta 27.000 palabras o frases tomadas literalmente de esa edición). Sin embargo, la mayoría de las doctrinas enseñadas por mormones, tienen un sentido completamente distinto del bíblico, y constituyen una negación de las verdades no sólo católicas sino cristianas; así el dios de los mormones es pura materia, puro hombre, visible, no eterno, no es creador, no es omnipresente ni perfecto, ni único, etc.[14]
(3) Finalmente, una característica general de las ediciones de la Biblia no católicas, es la ausencia de notas explicativas, mientras que las Biblias católicas tienen notas (algunas más, otras menos). Las notas no son esenciales, ciertamente, ni forman parte de la Revelación, ni son inspiradas. Pero son muy útiles, y, en algunos casos, muy convenientes. 
Son indicaciones, explicaciones, comentarios o simplemente referencias a otros pasajes en que, el mismo tema sobre el que se hace la nota, vuelve a aparecer con un sentido más claro. No hay que poner las manos en el fuego por las notas de muchas ediciones católicas de la Biblia, las cuales pueden contener errores o ser tendenciosas (como ocurre, por ejemplo, con las notas de la llamada Biblia Latinoamericana). Otras, en cambio, son magníficas, como la edición de la Biblia de L. Cl. Fillion, de 1887 (conozco la 4ª edición en ocho tomos de 1903, con texto en latín y notas en francés), o entre nosotros, la valiosa versión de J. Straubinger (primera versión católica americana hecha sobre los textos primitivos)[15], cuyas notas constituyen pequeños artículos que destacan las ideas fundamentales de la Biblia, mostrando su aplicación en la vida, al igual que procuran mostrar la armonía que existe entre los dos Testamentos y la coincidencia de los pasajes paralelos, para que el lector tenga siempre a la vista la unidad viva de las Escrituras desde el Génesis hasta el Apocalipsis. 
En nuestros días (primeros años del siglo XXI) está realizando una importante obra el Prof. Scott Hahn, publicando una nueva edición de la Revised Standard Version pero con subsidios a pie de página, que ofrecen al fiel lector de la Biblia, concordancias bíblicas, notas exegéticas a los principales versículos, y notas teológicas importantes (unas que relacionan el contenido y la unidad de la Escritura mostrando cómo pasajes del Antiguo Testamento iluminan los misterios del Nuevo Testamento; otras tomadas de la tradición viviente de la Iglesia –santos Padres, magisterio–, poniendo en relieve los sentidos espirituales de la Escritura en continuidad con la gran tradición eclesiástica, y otras que subrayan “la analogía de la fe”, mostrando cómo los misterios de la fe se iluminan unos a otros poniendo de relieve la coherencia y unidad de los dogmas definidos y la infalible interpretación de la Iglesia). De vez en cuando también se intercalan breves análisis de términos bíblicos, y temas exegéticos de interés para el lector y el estudioso (como cuándo celebró Jesús la Última Cena, y otros)[16].
Las Biblias protestantes carecen de notas por una cuestión lógica: el principio de libre examen. Cada fiel debe interpretar la Biblia de acuerdo a lo que le inspire el Espíritu Santo. No hay lugar para un magisterio que tenga por objeto la explicación de la Sagrada Escritura. Toda nota explicativa coartaría esta libertad de interpretación. Sin embargo, éste es un principio aparentemente respetado por el protestantismo; en la realidad, la ausencia de notas respeta a medias la libertad individual, puesto que: (a) por un lado, toda versión de la Biblia en otra lengua que no sea la original implica de suyo una interpretación; puede verse al respecto la versión griega del Nuevo Testamento preparada por los protestantes Nestle y Aland, para observar las distintas variantes de algunos pasajes y vocablos[17]; el traductor debe elegir entre variantes y, en muchos casos, interpretar un texto. A modo de ejemplo, podemos observar (tomando sólo las versiones españolas de Reina-Valera) diferencias (mínimas, pero diferencias al fin y al cabo):
  • El versículo de Lucas 1,28 es traducido por la versión Reina-Valera Actualizada(1989): “Cuando entró a donde ella estaba, dijo: – ¡Te saludo, muy favorecida! El Señor está contigo”. Omite las palabras “bendita tú entre las mujeres”, las cuales aparecen, en cambio, en la versión Reina-Valera (de 1909), en la Reina-Valera Revisada (1960) y la Reina-Valera Actualizada (1995).
  • El versículo de Mateo 16,18 aparece en la Reina-Valera de 1909 como “tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia”; pero en lugar de piedra aparece “roca” en las versiones Reina-Valera Actualizada (1989), Reina-Valera Revisada(1960) y Reina-Valera Actualizada (1995). El cambio es importante, porque está detrás la discusión de la relación entre el nombre de Pedro y la “piedra” sobre la que se edifica la Iglesia de Jesucristo; la relación entre los términos arameos “Cefas-cefas” usados por el Señor queda en evidencia en la traducción “Pedro-piedra” y no tanto cuando se traduce “Pedro-roca” (de todos modos, llegado el caso se puede explicar bien).
  • En Juan 6,56, Jesús dice “Ésta es mi sarka”. Las cuatro versiones que venimos mencionando (Reina-Valera, 1909; Reina-Valera Actualizada, 1989, Reina-Valera Revisada, 1960; Reina-Valera Actualizada, 1995) traducen “carne” (al igual que las versiones católicas); pero de hecho el término griego “sark”, admite otras acepciones como carne, cuerpo físico, naturaleza humana, descendencia terrena (como por ejemplo la usa san Pablo en Ro 9,8). Los traductores han hecho una interpretación (correcta) inclinándose, como más exacta, por la palabra “carne”[18]. En Lc 1,32 aparece dôsei, de dídômi, que si bien significa dar, garantizar, permitir, colocar, establecer, pagar, producir, causar, confiar, ofrecer, infligir (como castigo), etc., es traducido en todas las versiones como “dar” (“el Señor Dios le dará”). Etc.
Se podrían multiplicar los ejemplos. Algunas variantes son mínimas, otras no tanto, pero demuestran que el traductor es un “intérprete”, y no puede ser de otro modo.
Igualmente, los protestantes comentan, explican e interpretan la Biblia constantemente: lo hacen sus pastores y ministros en las homilías, lo hacen quienes citan algunos pasajes como aplicables en una situación determinada, y lo hacen sobre todo los que critican las interpretaciones católicas que nosotros hacemos de algunos pasajes. Por tanto, no respetan en toda su literalidad y amplitud el principio del libre examen. Una persona que acepte el principio de que la Biblia debe interpretarse individualmente, debe limitarse a darle a los demás un ejemplar de la Biblia en las lenguas originales y que se arregle solo. 
Y no criticar a los demás que hagan una interpretación distinta de la propia; ¿acaso un protestante niega el derecho de que un católico pueda leer la Biblia e interpretarla como el Espíritu Santo le dicte?; entonces, ¿por qué nos critican –sobre todos los miembros de las sectas– que nosotros entendamos que Jesucristo funda su Iglesia sobre Pedro, el que Jesucristo otorgue el poder de perdonar los pecados a los apóstoles y a sus sucesores, el que María sea virgen perpetuamente, etc.?
El principio del libre examen es también el principio de la estricta mudez. Si no hay magisterio pontificio ni episcopal, ni tradición válida, entonces tampoco debería haber pastores-predicadores (una fuente de ingresos que muchos pastores no dejarán escapar tan fácilmente, aunque tengan que gambetearse a Lutero –hasta cierto punto, pues tampoco Lutero lo respetó), ni deberían existir las universidades de teología, ni las escuela de Biblia (que deberían limitarse a ser escuelas de lenguas), etc. Pero esto no lo van a admitir, porque cada perro defiende su hueso, aunque enseñe (para los demás) que los huesos no se comen.

[1] No nos ocupamos en este libro directamente de la situación de las iglesias orientales cismáticas (se puede consultar el tema, por ejemplo, en James Turro y Raymond Brown, Canonicidad, en Comentario Bíblico San Jerónimo, Ediciones Cristiandad, Madrid 1972, Tomo V, p. 73-74). Baste decir que, con ciertas variantes, se impuso la influencia de la versión de los Setenta con el canon completo. Jugie ha demostrado que la iglesia bizantina, desde sus comienzos hasta la Edad Media, aceptó los libros deuterocanónicos; no hay noticias de disputas entre latinos y griegos sobre el canon. Recién después de la reforma protestante y por influencia de ella entre los griegos cismáticos surgen dudas y las opiniones se hacen fluctuantes, pero dentro de todo, en la mayoría de las ediciones aparecen la mayoría de estos libros.
[2] Cf, James Turro y Raymond Brown, Canonicidad, en Comentario Bíblico San Jerónimo, Ediciones Cristiandad, Madrid 1972, Tomo V, p. 71.
[3] Así dicen: “(…) tal como por su espíritu o fuerza activa Dios otorgó a ciertos cristianos discernimiento de expresiones inspiradas, también pudo guiar al cuerpo gobernante de la congregación cristiana para discernir qué escritos inspirados tenían que incluirse en el canon de las Sagradas Escrituras” (Sociedad Torre de Guardia, “Ayuda para entender la Biblia”, New York 1987, p. 797; cf. Juan D. Petrino, La lectura de la Sagrada Escritura bajo el régimen de la Organización de los Testigos de Jehová. El uso de la Biblia en el ‘Salón del Reino’, Tesis doctoral, Università San Tommaso d’Aquino, Roma 1989, p. 136).
[4] Cf. A. Vaccari, Lettura della Bibbia alla vigilia della Riforma Protestante: CivCatt 3 (1933) 313-325; 429-450; Id., Bibbia e Bibbie: CivCatt (1937,2) 231-243.
[5] Tuya-Salguero, Introducción a la Biblia, op.cit., I, pp. 579-580.
[6] Pío XII, Enc. Divino afflante Spiritu, Enchiridon Biblicum, n. 549.
[7] En la versión Emecé Editores, Buenos Aires 1945, tomo V, cap. X, III y VI.
[8] Entresaco sólo algunos párrafos de los capítulos indicados en la nota anterior. Vale la pena, incluso para un protestante, leer completo el texto del autor.
[9] Se refiere Menéndez Pelayo a la versión judía en castellano conocida como Biblia de Ferrara.
[10] Petrino, J.D., op. cit, p. 144; en nota al pie indica una variada bibliografía como los estudios de Aveta-Palmieri, Carrera, Clark, etc. Remito a su obra.
[11] Hoeckema, A., The Four Major Cults, Michigan 1963, p. 242; Petrino, op.cit, p. 145.
[12] Cf. Antonio Colom, S.J., ¿Teología? Mormona (Exposición y refutación), Fe Católica Ediciones, Madrid 1976; Montefrío, Los Mormones, Fe Católica Ediciones, Madrid 1971, Ernesto Bravo, S.J., Los Mormones, en: AA.VV. (CELAM), Las Sectas en América Latina, Claretiana, Bs.As. 1989, pp. 39ss.
[13] Se puede leer expresamente en “El libro de Mormón”, 2 Nefi, 29,10: “no por tener una Biblia debéis suponer que contiene todas mis palabras; ni tampoco debéis suponer que no he hecho escribir otras más”.
[14] Pueden leerse las citas correspondientes en los lugares citados más arriba sobre la doctrina mormona.
[15] Hay una edición reciente en tomo único: La Santa Biblia, Fundación Santa Ana, La Plata 2001.
[16] La edición (en curso) está siendo publicada en forma de cuadernillos por Ignatius Press; Hahn ha trabajado en colaboración con Curtis Mitch.
[17] La famosa edición del “Novum Testamentum Graece”, de Nestle y Aland, editado por Deutsche Bibelgesellschaft Suttgart, con numerosas ediciones, tiene a pie de cada página las numerosas variantes de algunas palabras que se encuentran en los antiguos códices; los editores han debido elegir por las variantes más seguras, lo que exige un trabajo de interpretación. Esta edición puede conseguirse tanto en librerías católicas como protestantes, como en la “American Bible Society”, de New York (1865 Broadway).
[18] Uso para estos análisis gramaticales: Barclay M. Newman, A Concise Greek-English Dictionary of the New Testament, United Bible Societies 1971 (UBS), Deutsche Bibelgesellschaft (German Bible Society), Stuttgart 1993.

jueves, 1 de marzo de 2018

Consumista, abortó dos veces y hacía Nueva Era; retiros de Emaús y el Proyecto Raquel la sanaron

Consumista, abortó dos veces y hacía Nueva Era; retiros de Emaús y el Proyecto Raquel la sanaron

Isabel -no es su nombre real- ha hecho llegar a ReligionEnLibertad su testimonio de acercamiento a la fe después de practicarse dos abortos y volcarse en prácticas de New Age. Un vídeo sobre los daños de la Nueva Era, un Retiro de Emaús y el acompañamiento de Proyecto Raquel, que ayuda a mujeres que han abortado, lograron acercarle a Cristo, sanar sus heridas emocionales y transformar su vida y su relación con su marido.

El Proyecto Raquel (www.proyecto-raquel.com) tiene ya décadas de experiencia en muchos países ayudando a mujeres heridas por el aborto. En España está presente en 25 diócesis. Su nombre remite a la Biblia: "Se escuchan gemidos y llanto amargo: es Raquel que llora inconsolable por sus hijos que ya no viven. Pero dice el Señor: Reprime tus sollozos, enjuga tus lágrimas... hay esperanza de un porvenir” (Jr 31, 15-17).

"Si sientes un dolor profundo, ansiedad, autoestima baja, desearías que nunca hubiera ocurrido... salir adelante después de un aborto es posible", invitan en Proyecto Raquel. En Barcelona se puede contactar con Proyecto Raquel en el 603462038 o el e-mail projecteraquelbarcelona@gmail.com .

Testimonio de Isabel: "manaba dolor de la herida escondida... pero también se iba sanando"
Tengo 40 años y un pasado del que no me siento orgullosa pero la grandeza del Señor ha hecho que mi vida tome otro rumbo y pueda compartir con otras personas mi experiencia tras realizar el Proyecto Raquel.

Mi marido y yo tenemos tres hijos maravillosos. En la actualidad disfruto de mi familia y de la vida que el Señor me ha dado, pero eso no siempre ha sido así.

Hace poco más de dos años mi vida era muy diferente. Antes de que el Señor entrase en mi vida andaba siempre buscando respuestas a mi existencia.

Vacío existencial, a llenar con compras y gastos
Yo intentaba llenar un vacío existencial, mi sentimiento de falta de amor, con compras compulsivas, viajes caros, robos, mentiras y otras malas prácticas. Entre ellas, dos abortos, que me han marcado la vida.

Hace poco más de 14 años me quedé en estado. Llevaba poco más de un año casada. Mi marido lo que más deseaba era ser padre pero yo no me veía preparada en ese momento para ser madre. Yo tenía 25 años recién cumplidos y el hecho de ser madre lo sentía como una gran losa sobre mí.



Cuando supe que estaba embarazada me entró una especie de ataque de pánico y sin consultarlo con mi marido decidí pedir hora en una clínica abortiva en la zona alta de la ciudad. Así enseguida “se solucionó” ese “pequeño inconveniente”. No se lo conté más que a un par de amigas íntimas.

Durante muchísimos años el recuerdo de esa vida que no llegó al mundo quedó guardado como en una caja fuerte. No sentía remordimientos y me justificaba pensando que no eran más que unas pocas células sin vida propia. No creía que esa decisión traería secuelas a mi vida, pero años más tarde descubrí que sí.

Más hijos... y otro aborto
Un año después, volví a quedar en estado. En esta ocasión sí decidí tener a mi hija que ahora tiene 13 años.

Pasaron casi dos años cuando de nuevo volví a estar embarazada, en esta ocasión de un niño, que ahora tiene 11 años.

Y al poco tiempo de nacer mi segundo hijo descubrí con asombro que volvía a estar embarazada. Cuando me enteré de que estaba en estado se lo conté a mi marido y en esta ocasión de mutuo acuerdo mi marido y yo decidimos que no era el momento de traer una nueva vida al mundo.

Con la mayor frivolidad y falta de entendimiento abortamos esa vida.

Yo ya no estaba tan convencida de abortar, pero siento que me dejé arrastrar por la opinión de  que aquel no era un buen momento para tener otro bebé.

Comodidad material, pero una relación herida
Se puede decir que éramos una familia que vivía con comodidades materiales. Aparentemente lo teníamos todo.

Pero la realidad es que en nuestra casa reinaban los gritos, la falta de orden y la indisciplina. Tristemente, cada uno iba a la suya.

Yo no era una auténtica madre. No es que no me ocupara de ellos y los mimase muchísimo. Pero en aquella época lo primero era yo, lo segundo yo y si quedaba algo era para mí. A mis hijos les faltaban normas, límites y que su padre y yo fuéramos a una en su educación. Nos dedicábamos a discutir sobre quien lo hacía peor y a echarnos los trastos a la cabeza sin buscar soluciones ni pensar en ellos.

Como matrimonio, vivíamos en mundos paralelos, convivíamos en un mismo espacio pero cada uno hacía su vida. Seguíamos juntos después de 15 años casados, pero yo sentía que aquello no funcionaba como matrimonio ni como familia.

Dolor en la conciencia... y  búsqueda New Age
Al cabo de los años el recuerdo de los abortos y el mal de conciencia fueron haciendo mella en mí. Empecé a sentir que debía reparar aquel mal, pero no sabía cómo hacerlo.

Una amiga me habló de las “constelaciones familiares”, una especie de terapia alternativa. No dudé ni un instante en hacer una sesión y a pesar de que curiosamente el día que había quedado para hacer la constelación me surgieron varios imprevistos, finalmente asistí a la cita. Salí de la sesión más confusa y preocupada que antes porque todo aquello me pareció extraño y turbio pero no sabía bien qué era lo que me provocaba aquella sensación.



Al poco tiempo yo tenía mi mesita de noche atestada de libros de la nueva era. Era casi una experta en terapias alternativas y había acudido en infinidad de ocasiones a tarotistas, reiki, constelaciones familiares, cartas astrales y todo tipo de cosas que por aquel entonces me resultaba un mundo increíble y fascinante.

El vídeo de un religioso contra la New Age
Gracias a Dios, el Señor irrumpió en nuestras vidas hace ahora un par de años. Una noche me puse a ver vídeos y zapeando fui a caer en un vídeo en el que hablaba un religioso sobre los peligros de la Nueva Era. Lo vi hasta el final. Ese vídeo hablaba sobre las prácticas esotéricas que yo misma había hecho.

Esa noche me costó mucho dormirme. Ese vídeo me abrió los ojos y empecé a buscar más sobre el tema. Ese se puede decir que fue el principio de mi conversión.

A raíz de ahí fue como si el Señor me llamase diciéndome “hasta aquí hemos llegado, a partir de ahora vas a ir por el buen camino y vas a dejar atrás todas las malas prácticas”.
Poco después, limpié la casa de todos los objetos y libros que fueran en contra de la fe cristiana. La verdad es que no me costó nada hacerlo y a partir de ese momento empecé a leer la Biblia. Desde entonces es mi libro de cabecera al que acudo frecuentemente.

Un testimonio en un Retiro de Emaús
A finales de invierno del 2017 decidí participar en un Retiro de Emaús. Una de las charlas la hizo una chica que dio su testimonio sobre el aborto. Su testimonio me tocó de manera especial y fui a hablar con ella para expresarle mi agradecimiento.

Fue entonces cuando me habló del Proyecto Raquel, donde escuchan y acompañan a las mujeres que sufren porque han abortado.

Yo no había oído hablar jamás de ese proyecto así que me estuvo explicando que ella lo había hecho y que le había ayudado mucho. Ese mismo día me presentó a otra servidora de Emaús, y ella me facilitó un teléfono.

Las sesiones de Proyecto Raquel
Al poco de volver del retiro decidí llamar al teléfono que me habían dado. Hablé con una persona de Proyecto Raquel, que me acompañó durante sus 10 sesiones de duración.
Cada lunes a las 16:00 durante poco más de 3 meses
 nos fuimos viendo en una iglesia de Barcelona.  Al principio me mostré un poco escéptica, porque esa herida no sangraba y yo creía que todo estaba bien. Pero poco a poco, conforme pasaban las semanas fuimos entrando en materia y en cada sesión se trataba un tema concreto y cuando acabábamos siempre había deberes de reflexión para la siguiente sesión.

Sorprendentemente, en esos momentos de reflexión empezaba a emanar el dolor de esa herida que estaba guardada en lo más hondo de mi ser. Pero, por otro lado, sentía que esas heridas iban sanando, me sentía en paz conmigo misma y la relación con mi marido parecía mejorar.

Las semanas y los meses me fueron pasando muy rápidamente, siempre anhelaba que llegase la semana siguiente para encontrarme con mi tutora en el proyecto porque sentía que necesitaba perdonarme y sentir el perdón.

Cuando finalizó el proyecto hicimos una misa por Pedro y Paloma, que es como decidimos bautizar a nuestros hijos,  que están en el Cielo y que a buen seguro nos cuidan y protegen desde lo más alto.

No a la contracepción
Cuando ya habían pasado unas semanas empecé a sentir dentro de mí un sentimiento de contradicción interior por llevar el Diu (dispositivo intrauterino). Pensaba que si el Señor me quería enviar más hijos yo no era quién para impedírselo. Un día, con 39 años, decidí quitármelo. Recuerdo perfectamente que, al salir de la consulta, tras retirarme el DIU, me sentía liberada y feliz. Hacía años que no tenía esa sensación y fue muy reconfortante.

¡Para mi sorpresa no pasaron ni dos meses desde que salí de la consulta de la ginecóloga hasta que llegó la sorprendente noticia de que nuevamente estaba embarazada!

Actualmente estamos felices con la llegada de este pequeño milagro que se llama María y que a buen seguro nos colmará de alegría y satisfacciones. ¡Alabado sea el Señor!

Isabel